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Texto: Sebastián
Montalva W.
Retrato: Gonzalo López
Al pintor Thomas Daskam no le gustan mucho las
entrevistas. Tampoco le gustan las fotos. Lo
incomodan. Además, no es muy bueno para hablar
que digamos. La gente que lo conoce dice que es
un tipo retraído. Quizás por eso, cuando de
pronto se larga a hablar con su acentou gringou -
es estadounidense- , a veces parece que su vista
estuviera como perdida.
Se nota que su interés es otro. Por ejemplo, una
tórtola que divisa por la ventana de la galería
de arte donde se realiza esta entrevista, y que
lo hace interrumpir lo que está diciendo. O,
claro, algún paisaje de Chile que se quede
impregnado en su memoria y que luego tenga que
pintar en su taller de Providencia. Thomas
Daskam, 71 años, oriundo de Tulsa, Olkahoma, ex
maquinista de submarinos en la Marina de Estados
Unidos, pionero en el registro fotográfico de
las aves chilenas, responsable - junto con el
alemán Jurgen Rottman- de la sección "Cosa
de mirar", que hace ya varios años
publicara esta revista, sobre la fauna de nuestro
país, y uno de los pintores realistas más
destacados del medio, es un obsesionado con
mirar. Y con registrar lo que mira: aves,
paisajes, esquinas y personajes de Chile,
principalmente. ¿Entrevistas? ¿Explicaciones?
Para qué. Mejor que la gente vea su trabajo, que
hasta el 29 de octubre se exhibe en retrospectiva
en la Galería Jorge Carroza (Pérez Valenzuela
1631, Providencia), con casi cien obras desde
1959 a 2004.
Thomas Daskam llegó a Chile en 1958, después de
terminar el servicio militar en su país. Su
padre trabajaba en la embajada de Estados Unidos.
Tenía 23 años, le gustaba la idea de ser
marino, pero su obsesión era aprender a pintar.
- ¿Por qué comenzó a viajar por Chile? ¿Era
su idea original viajar y pintar lo que veía?
- Fue por una especie de relax, unas vacaciones
de mi pega, pues yo soy pintor de taller y
siempre estaba ahí: hago dibujos, colecciono
datos, pero luego los pinto en el taller. Empecé
a viajar, pero por Chile. Eso era lo novedoso
para mí. Chile es fantástico. Por eso siempre
digo que los chilenos me han regalado Chile, en
la fotografía, en el realismo como pintor. Estoy
agradecido de eso. Y lo que pasa es que el Chile
que los realistas chilenos han pintado, con
algunas excepciones, son siempre murallas de
adobe, tinajas, alamedas, y todo en el Valle
Central. Pero no hay, que yo sepa, o no había,
artistas importantes pintando Aysén, el
altiplano, Magallanes, Tierra del Fuego. ¡Eso es
Chile! Valdivia es un poema, por ejemplo. El
norte, las minas, Humberstone, todo eso para un
pintor realista es fantástico. ¿Y dónde has
visto cuadros de eso? Los pintores antiguos, como
Juan Francisco González, pintaban frutillas. El
chileno realista pintaba vacas, vacas y más
vacas.
- ¿Por qué cree que pasó eso?
- No tengo la menor idea. Unos dicen Bueno,
Chiloé debe ser trillado para pintarlo, porque
es tan increíblemente bello, internacionalmente
bello. Pero no hay pinturas de Chiloé, temas de
Chiloé, temas de Magallanes, Aysén. ¡La flora
y fauna! Si no hay ningún chileno que haya
pintado nada de eso, incluso la loica, que es la
ave más común. Por eso mis temas están aquí
en Chile, en Calama, en Ñuñoa. Yo viví en
Ñuñoa y me agarró. Cualquier pintor tiene el
problema de saber qué pinta, pero aquí no
tienes ni que pensarlo.
- Cambiando de tema, entiendo que Valparaíso es
una de sus ciudades favoritas.
- Sí. Es un desafío doble pintar Valparaíso.
Valparaíso está muy hecho para ser pintado, y
eso es un tema peligroso. Casi todos los pintores
van a pintar lo pintoresco, las cosas que están
arregladitas para ser bonitas. Yo pienso que eso
es un error. Mi idea, en el caso de Valparaíso,
era tratar de hacer una cosa más real, retratar
algo honesto y no trillado. Es tan impresionante
Valparaíso que yo traté de hacerlo un poco más
profundo. Pero lo pinté dos veces, nada más, y
así y todo me llaman el pintor que pinta
Valparaíso. Esa ciudad es fantástica, sobre
todo para un pintor realista al que le gusta la
arquitectura como yo.
- ¿A qué se refiere?
- En Chile hay un tipo de arquitectura especial
que yo llamo "arquitectura sin
arquitecto". A un señor se le ocurre hacer
su casa y la hace así nomás. Después se le
ocurre poner una ventana más grande acá, y una
torre por acá. Y creo que mucha gente de
Valparaíso todavía lo hace. Y yo me quedo
fascinado, incluso los errores son bonitos. Es
fantástico cuando uno descubre eso. Si uno pinta
la casa diseñada por el mejor arquitecto, esa
casa ya es una obra de arte. Pero la
"arquitectura sin arquitecto" es muy
atrayente. Valparaíso es muy difícil de
recorrer, hay que tener piernas como
Schwarzenegger para caminar por los cerros.
- ¿Qué otro lugar de Chile es su favorito?
- Yo soy un obsesionado con Magallanes. La
Patagonia. Yo he viajado por gran parte de Chile,
desde el altiplano hasta la isla Navarino. Pero
cuando descubrí Magallanes me agarró.
- ¿Por qué?
- Por todo. Es muy difícil Magallanes, tienes
que tener vehículo bueno para ir a partes
específicas, además de tiempo y plata. Por
ejemplo, en Tierra del Fuego, fuera de Porvenir,
no hay dónde alojar. Tú cruzas Porvenir y
después de eso no hay nada. Y es como un filtro,
hay menos gente. Incluso los mismos magallánicos
son gente distinta, es como otro país. Es un
ambiente único, hay muy poca gente por metro
cuadrado, y muchas partes vírgenes.
- ¿Cómo llegó a Magallanes?
- Yo llegué hace treinta años por el tema de
las aves. Había un contrato de hacer un libro de
aves de Chile y yo no conocía Magallanes,
entonces cómo iba a dejarlo afuera. Ahí me
agarró de por vida, y poco a poco me fui
quedando. A mí no me gusta mucho ser turista,
para mí eso es muy superficial, uno pasa por
allá, mira una cosa y dice Ah, qué lindo. Yo no
lo hago. Quiero saber sobre algún lugar, quiero
pasar millones de veces, decir Ah, mira la luz
por acá, ahora voy a pintarlo. Quiero conocer el
lugar, ojalá conozca al dueño, quién vive
allá. Eso a uno lo afecta, y así le tomas más
cariño.
- ¿A qué se debe esta afición suya por las
aves?
- No sé. Hay quienes dicen que existe la
birdfever, o fiebre por las aves, pero yo creo
que es una pasión. Hace unos treinta años no
había fotos de aves en Chile. Ni siquiera del
zorzal. Entonces el incentivo era muy grande. Yo
no era fotógrafo, sabía algo, mi mujer (Paz
Errázuriz) es fotógrafa, y empecé a viajar
mucho para ver los lugares donde estaban las
especies.
- ¿Por dónde empezó?
- Por aquí cerca, por la laguna Aculeo. Todos
los datos escritos sobre aves chilenas en ese
tiempo eran de extranjeros, como A.W. Johnson o
R.A. Philippi. Entonces yo estudiaba esos libros
y ahí salía dónde estaban, pero sin
ilustraciones. Así, me junté con otra gente
interesada en el tema e hicimos un par de
libritos chicos de aves. Las primeras
fotografías de aves de Chile fueron las mías,
se publicaron el año 77 en las agendas de Lord
Cochrane, eran unas sesenta fotos. En todo caso
Chile es medio pobre en cuanto a aves. Por
ejemplo, en el Central Park de Nueva York hay
más especies de aves que en Chile: tiene como
290, y creo que en Chile hay 240. Pero aquí
todavía hay mucho por estudiar, hay aves muy
especializadas, muy extrañas, y algunas de las
que nadie tiene fotos publicables.
- ¿Cómo cuáles?
- Por ejemplo hay una que en Chile le llaman
Cazamosca Chocolate, un ave más grande que el
zorzal, que vuela como un halcón y come nada
más que insectos voladores, no busca insectos en
el suelo. Esa ave es muy propia de Magallanes y
muy poco estudiada. Y todavía hay aves medio
misteriosas. Por ejemplo, hay años en que no se
sabe dónde anida el flamenco austral.
- Entiendo que usted ha pasado hasta días
esperando sacar la foto de alguna ave.
- Sí, y es un poco tremendo cuando uno lo hace
solo. Uno se sienta ahí a esperar y a veces
estás haciendo medio el loco. En Magallanes
alguna vez lo hice. Pero no es necesario pasar
ocho horas con el fango hasta el cuello esperando
una foto. La cosa es conocer a las aves y entrar
en su mundo. Como yo estaba obsesionado con el
tema, siempre andaba mirando. Una vez iba
caminando con unos amigos y les dije Mira, hay un
halcón ahí, y me dijeron Qué buena vista
tienes. Y no era por eso, lo que pasa es que yo
estaba mirando si había un halcón. Es una cosa
que yo recomiendo: ponle atención a las aves
porque es un mundo fantástico, tu vida se pone
más grande. Sebastián Montalva W..
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