domingo 25 de septiembre de 2005
 
Cosa de mirar
El pintor Thomas Daskam ha viajado durante casi cuarenta años en busca de los paisajes y las aves de Chile, y los ha registrado con su pincel o con su cámara fotográfica. Gran parte de ese trabajo se exhibirá hasta el 29 de octubre en la Galería Jorge Carroza, en Providencia: se trata de una retrospectiva con cerca de cien obras realizadas entre 1959 y 2004 que reflejan una de las obsesiones de este pintor estadounidense: mirar a nuestro país
  Texto: Sebastián Montalva W.

Retrato: Gonzalo López

Al pintor Thomas Daskam no le gustan mucho las entrevistas. Tampoco le gustan las fotos. Lo incomodan. Además, no es muy bueno para hablar que digamos. La gente que lo conoce dice que es un tipo retraído. Quizás por eso, cuando de pronto se larga a hablar con su acentou gringou - es estadounidense- , a veces parece que su vista estuviera como perdida.

Se nota que su interés es otro. Por ejemplo, una tórtola que divisa por la ventana de la galería de arte donde se realiza esta entrevista, y que lo hace interrumpir lo que está diciendo. O, claro, algún paisaje de Chile que se quede impregnado en su memoria y que luego tenga que pintar en su taller de Providencia. Thomas Daskam, 71 años, oriundo de Tulsa, Olkahoma, ex maquinista de submarinos en la Marina de Estados Unidos, pionero en el registro fotográfico de las aves chilenas, responsable - junto con el alemán Jurgen Rottman- de la sección "Cosa de mirar", que hace ya varios años publicara esta revista, sobre la fauna de nuestro país, y uno de los pintores realistas más destacados del medio, es un obsesionado con mirar. Y con registrar lo que mira: aves, paisajes, esquinas y personajes de Chile, principalmente. ¿Entrevistas? ¿Explicaciones? Para qué. Mejor que la gente vea su trabajo, que hasta el 29 de octubre se exhibe en retrospectiva en la Galería Jorge Carroza (Pérez Valenzuela 1631, Providencia), con casi cien obras desde 1959 a 2004.

Thomas Daskam llegó a Chile en 1958, después de terminar el servicio militar en su país. Su padre trabajaba en la embajada de Estados Unidos. Tenía 23 años, le gustaba la idea de ser marino, pero su obsesión era aprender a pintar.

- ¿Por qué comenzó a viajar por Chile? ¿Era su idea original viajar y pintar lo que veía?

- Fue por una especie de relax, unas vacaciones de mi pega, pues yo soy pintor de taller y siempre estaba ahí: hago dibujos, colecciono datos, pero luego los pinto en el taller. Empecé a viajar, pero por Chile. Eso era lo novedoso para mí. Chile es fantástico. Por eso siempre digo que los chilenos me han regalado Chile, en la fotografía, en el realismo como pintor. Estoy agradecido de eso. Y lo que pasa es que el Chile que los realistas chilenos han pintado, con algunas excepciones, son siempre murallas de adobe, tinajas, alamedas, y todo en el Valle Central. Pero no hay, que yo sepa, o no había, artistas importantes pintando Aysén, el altiplano, Magallanes, Tierra del Fuego. ¡Eso es Chile! Valdivia es un poema, por ejemplo. El norte, las minas, Humberstone, todo eso para un pintor realista es fantástico. ¿Y dónde has visto cuadros de eso? Los pintores antiguos, como Juan Francisco González, pintaban frutillas. El chileno realista pintaba vacas, vacas y más vacas.

- ¿Por qué cree que pasó eso?

- No tengo la menor idea. Unos dicen Bueno, Chiloé debe ser trillado para pintarlo, porque es tan increíblemente bello, internacionalmente bello. Pero no hay pinturas de Chiloé, temas de Chiloé, temas de Magallanes, Aysén. ¡La flora y fauna! Si no hay ningún chileno que haya pintado nada de eso, incluso la loica, que es la ave más común. Por eso mis temas están aquí en Chile, en Calama, en Ñuñoa. Yo viví en Ñuñoa y me agarró. Cualquier pintor tiene el problema de saber qué pinta, pero aquí no tienes ni que pensarlo.

- Cambiando de tema, entiendo que Valparaíso es una de sus ciudades favoritas.

- Sí. Es un desafío doble pintar Valparaíso. Valparaíso está muy hecho para ser pintado, y eso es un tema peligroso. Casi todos los pintores van a pintar lo pintoresco, las cosas que están arregladitas para ser bonitas. Yo pienso que eso es un error. Mi idea, en el caso de Valparaíso, era tratar de hacer una cosa más real, retratar algo honesto y no trillado. Es tan impresionante Valparaíso que yo traté de hacerlo un poco más profundo. Pero lo pinté dos veces, nada más, y así y todo me llaman el pintor que pinta Valparaíso. Esa ciudad es fantástica, sobre todo para un pintor realista al que le gusta la arquitectura como yo.

- ¿A qué se refiere?

- En Chile hay un tipo de arquitectura especial que yo llamo "arquitectura sin arquitecto". A un señor se le ocurre hacer su casa y la hace así nomás. Después se le ocurre poner una ventana más grande acá, y una torre por acá. Y creo que mucha gente de Valparaíso todavía lo hace. Y yo me quedo fascinado, incluso los errores son bonitos. Es fantástico cuando uno descubre eso. Si uno pinta la casa diseñada por el mejor arquitecto, esa casa ya es una obra de arte. Pero la "arquitectura sin arquitecto" es muy atrayente. Valparaíso es muy difícil de recorrer, hay que tener piernas como Schwarzenegger para caminar por los cerros.

- ¿Qué otro lugar de Chile es su favorito?

- Yo soy un obsesionado con Magallanes. La Patagonia. Yo he viajado por gran parte de Chile, desde el altiplano hasta la isla Navarino. Pero cuando descubrí Magallanes me agarró.

- ¿Por qué?

- Por todo. Es muy difícil Magallanes, tienes que tener vehículo bueno para ir a partes específicas, además de tiempo y plata. Por ejemplo, en Tierra del Fuego, fuera de Porvenir, no hay dónde alojar. Tú cruzas Porvenir y después de eso no hay nada. Y es como un filtro, hay menos gente. Incluso los mismos magallánicos son gente distinta, es como otro país. Es un ambiente único, hay muy poca gente por metro cuadrado, y muchas partes vírgenes.

- ¿Cómo llegó a Magallanes?

- Yo llegué hace treinta años por el tema de las aves. Había un contrato de hacer un libro de aves de Chile y yo no conocía Magallanes, entonces cómo iba a dejarlo afuera. Ahí me agarró de por vida, y poco a poco me fui quedando. A mí no me gusta mucho ser turista, para mí eso es muy superficial, uno pasa por allá, mira una cosa y dice Ah, qué lindo. Yo no lo hago. Quiero saber sobre algún lugar, quiero pasar millones de veces, decir Ah, mira la luz por acá, ahora voy a pintarlo. Quiero conocer el lugar, ojalá conozca al dueño, quién vive allá. Eso a uno lo afecta, y así le tomas más cariño.

- ¿A qué se debe esta afición suya por las aves?

- No sé. Hay quienes dicen que existe la birdfever, o fiebre por las aves, pero yo creo que es una pasión. Hace unos treinta años no había fotos de aves en Chile. Ni siquiera del zorzal. Entonces el incentivo era muy grande. Yo no era fotógrafo, sabía algo, mi mujer (Paz Errázuriz) es fotógrafa, y empecé a viajar mucho para ver los lugares donde estaban las especies.

- ¿Por dónde empezó?

- Por aquí cerca, por la laguna Aculeo. Todos los datos escritos sobre aves chilenas en ese tiempo eran de extranjeros, como A.W. Johnson o R.A. Philippi. Entonces yo estudiaba esos libros y ahí salía dónde estaban, pero sin ilustraciones. Así, me junté con otra gente interesada en el tema e hicimos un par de libritos chicos de aves. Las primeras fotografías de aves de Chile fueron las mías, se publicaron el año 77 en las agendas de Lord Cochrane, eran unas sesenta fotos. En todo caso Chile es medio pobre en cuanto a aves. Por ejemplo, en el Central Park de Nueva York hay más especies de aves que en Chile: tiene como 290, y creo que en Chile hay 240. Pero aquí todavía hay mucho por estudiar, hay aves muy especializadas, muy extrañas, y algunas de las que nadie tiene fotos publicables.

- ¿Cómo cuáles?

- Por ejemplo hay una que en Chile le llaman Cazamosca Chocolate, un ave más grande que el zorzal, que vuela como un halcón y come nada más que insectos voladores, no busca insectos en el suelo. Esa ave es muy propia de Magallanes y muy poco estudiada. Y todavía hay aves medio misteriosas. Por ejemplo, hay años en que no se sabe dónde anida el flamenco austral.

- Entiendo que usted ha pasado hasta días esperando sacar la foto de alguna ave.

- Sí, y es un poco tremendo cuando uno lo hace solo. Uno se sienta ahí a esperar y a veces estás haciendo medio el loco. En Magallanes alguna vez lo hice. Pero no es necesario pasar ocho horas con el fango hasta el cuello esperando una foto. La cosa es conocer a las aves y entrar en su mundo. Como yo estaba obsesionado con el tema, siempre andaba mirando. Una vez iba caminando con unos amigos y les dije Mira, hay un halcón ahí, y me dijeron Qué buena vista tienes. Y no era por eso, lo que pasa es que yo estaba mirando si había un halcón. Es una cosa que yo recomiendo: ponle atención a las aves porque es un mundo fantástico, tu vida se pone más grande.

Sebastián Montalva W..

 

Informacion citada desde: - www.emol.cl

 

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